miércoles, 2 de junio de 2010

Creo que urticaria.

Reacciones adversas. Creo que urticaria. Veo al cuervo de Poe apoyado en el balcón. Apaga una colilla con la pata y me guiña un ojo. Veo como se pierde en la oscuridad. Sé lo que iba a decir y también sé que pondría un tono especial para mí. Supongo que los cambios pueden ser afrontados de dos maneras. Valentía o miedo, kill me/help me. Me amorro a la botella para negar la entrada al miedo. No options, not choice. Ni siquiera sé si sé escribir bien el inglés pero otro trago me hará perder la apatía. No, no se me debe nada, es lo bueno de los móviles de prepago, que pagas y después si hay saldo pues llamas y si no, pues las señales de humo de un canuto bastarán para comunicar cuando la línea está ocupada. Si el patito feo tras su mágica conversión se decanta por pavonearse en los programas del corazón yo prefiero seguir de gato y en las noches oscuras, pardo, muy pardo. Si continuas preguntándome qué quiero del del destino, que mañana qué voy a desayunar; dame una patada en los cojones y acaba ya. De momento el momento ya es suficiente y nunca fui en busca del sobresaliente. Mi mente... ¿Donde está mi mente? En un cajón junto a mi corazón de plástico, una bala y una cámara. Everybody knows.

viernes, 21 de mayo de 2010

Parte I : Baby, si me quitas el micro no puedo cantar. Quizás quieras hacerlo tú.

Recuerdos de ahí afuera. Soy Don Juan Sin Nadie, pero podeis llamarme Sin. Era una de esas caras que solo son bonitas si te la chupan y el caso es que todavía no me la estaba chupando. Su salón era un salón standard de un piso compartido. Recuerdo que tengo mi lengua en su tráquea así que let´s go move. En la tele, Air Force One; el presidente made in USA contra los villanos terroristas. Pienso en Clinton, en Reagan, en Nixon, me los imagino intentando hacer lo que Harrison Ford hace. Si Nixon hubiese sido Harrison Ford lo de Vietnam hubiese sido pan comido. El rabillo de mi ojo se queda fijo en la pantalla. Me encantan las pelis de acción malas. Ella se da cuenta de que no ando muy atento y me separa de un empujón.
Estoy fuera de su casa encendiendo un cigarrillo mientras pienso que ni siquiera me la ha chupado. Por un momento pensé que me iba a pegar pero tampoco. Aún es temprano y creo que ese garito de jazz no cierra hasta las seis. Giro a la izquierda y cambio de rumbo.
El sitio está medio vacío, horas bajas para el jazz. Al fondo: la chica. Pequeñita, vestido rojo corto y ajustado. Revolotea rollo abeja moviendose al ritmo del jazz. Veo aparecer a su alrededor ocho o nueve gigantes convertidos en molinos girando las aspas al viento del aleteo de la abeja reina. No estoy jodidamente borracho así que Jack on the rocks a tragos largos y un paso adelante. Al tercer trago estoy rodeado de molinos, ella de espaldas no es consciente de mi presencia. Estoy apunto de decir algo ingenioso cuando uno de sus revoloteos choca con mi brazo y tira lo que me queda de whisky sobre uno de de los molinos. El molino pone cara de perro y yo siempre he sido más de gatos. Le digo que al menos ahora alguna chica lo lamerá por no desperdiciar el Jack Daniel´s y una de sus aspas me golpea en el estómago. Tres pasos atrás y lanzo mi vaso como un auténtico baseball. Mala puntería y tres molinos más caen encima mía. Codo en la cara, patada en la espalda y levito hasta la la puerta del garito. Los últimos dos metros hasta tocar la acera grito: ¡Hijos de putaaaaa!
Que cómoda es la acera, creo que me quedaría aquí toda la noche si no fuera porque necesito urgentemente un cigarrillo. Sin despegar aún la cara de la acera rebusco, saco y enciendo un cigarrillo, tras la primera calada ya puedo empezar a incorporarme. Dios bendiga los cigarrillos, la navaja multiusos de los nervios. Pienso en tito Jack cuando se abre la puerta del garito y aparece La chica. Voy a poner mi mejor sonrisa cuando una tos inunda mi garganta y un esputo sangriento tiñe la acera mientras la chica se acera a mí. Me levanto justo cuando ella se para delante mía con un vaso de plástico en la mano. Creo que te he tirado la copa, dice ella, mientras me ofrece el vaso. Lo cojo y doy las gracias. Se me queda mirando un segundo y me dice: Eres un gilipollas ¿verdad?. Yo asiento y le pego un trago al whiscky, Jack Daniel´s, increíble. Le pregunto como se llama y ella me dice que no es de mi incumbencia. Le digo que me llaman Sin y ella me pregunta si me llaman pecado. Yo asiento como si no fuera la primera vez que alguien me dice algo así pero por mi cabeza pasa: Sin=Pecado en inglés. Mola. Me mira un momento y se acerca. Durante un segundo creo que me va a besar, otro me quedo paralizado mientras me abraza y al tercero respondo al abrazo. Se separa y vuelve a entrar al garito. Me quedo como un idiota. Continuará pero aún no sé cómo.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

Es mentira que sea tan fácil perderlo todo. Supongo que ese culillo de whisky de la noche anterior que ronda por el suelo de mi habitación ayudará a mover algo en mi interior. Si la hormiga es cruel y la cigarra una caradura al final o duelo a espadas o a fumar todos como hermanos. Con las manos atadas es difícil suplicar por una muerte más o menos dramática. Esto último depende tanto del consumidor como del tiempo y del espacio. Suponiendo que tocar fondo no es un retiro de fin de semana ¿Cómo y donde hay que parar? Supongo que cuando te partan la cara o te la partas tu solito en un choque de trenes en la india un día que saliste a por tabaco y te liaron. ¿Esto que acabo de pasar era el límite? Muy rápido para poder certificar nada y ante todo recordad que no fue por mezquindad si alguna vez algo hice como lo hicieron aquellos que piensan que hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar.

viernes, 19 de marzo de 2010

Cuando te conviertes en un hombre de la prehistoria antes de cumplir los 26. Cuando todo lo que se supone que tendría que estar ahí ya ha cambiado y esperando esa pequeña brisa a favor se te hace tarde y oscurece. Mis credenciales se las enseño al de la puerta y solo una sonrisa para su puta madre y a hostias es la única forma de acabar la partida. La última vez que acabó la visita guiada me perdí, supongo que no hay más que decir.

lunes, 8 de marzo de 2010

Dolor intenso en la zona lumbar.

¿Cómo crees que no voy a creer en el caos? ¿Que la gente buena obtiene cosas buenas? Mis cojones, tres cuartos. Así se las gastaba el chico de 25 que aún dormía en su cuna. Era una manía que tenía, dormir en su cuna aunque, ni cabía, ni mucho menos podía dormir pero ahí se quedaba encajado horas y horas. Solo, pensando, mascando, rumiando la tensión en el ambiente raspante de una nube gris llamada existencia.
Un día alguien llamó a su puerta y habló con él y por supuesto que hizo otras cosas, pero también lo abrazó y lo arrulló. Al día siguiente se fue y él volvió a su cuna con ese dolor en las lumbares que le asaltaba cada mañana al desencajarse de ella. Llorar es de niños, pensaba con la cara de idiota que tenía encajado en una cuna con un cuarto de siglo en lo alto.

domingo, 7 de marzo de 2010

All in?

Una vez vi mi futuro y lo escribí. Al tiempo lo perdí y decidí inventar otro pero éste sin esfuerzo ni sueño americano, solo la suerte, solo lo que el viento separa en cada bocanada a través de los pulmones de congéneres con genes que les obligan a hacer monadas en manada. Ríos que dan a la mar y yo que ahora vivo en una ciudad con playa sé lo que es perderse en el horizonte. Creando espectros solo con un flequillo perfectamente desordenado, solo con manguitos hechos de hielo floto un rato antes de que se acabe eso de la gorda cantando y todos a sus putas casas que mi casa es muy pequeña para estar tan solo y malhumorado. Alguien se viene a fumar o follar o festejar o fanfarronear. Foldeo, hoy foldeo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Gustav y la sima del mundo. Parte I.

Gustav en realidad se llamaba Gustavo pero se hacía llamar así para evitar rimas soeces y comparaciones con la rana. Gustav pensaba que la depresión consistía en llorar por las esquinas, que los psicólogos eran para la gente sin amigos y que el mejor antidepresivo era el alcohol. Gustav tenía todas estas cosas claras y aún más hasta aquella mañana en que no era capaz de salir de la cama ni con el pie derecho ni con el izquierdo. Tras mirar fijamente el reloj marcando las nueve y veintisiete, y veintiocho, y veintinueve se dio cuenta de que estaba en medio de una depresión.
Algo había que hacer, como levantarse y ducharse cuatros días después de que fuera asunto de estado. Sus uñas hace dos semanas que tenían que haber sido cortadas. Gustav llevaba un tiempo pensando y hasta había olvidado a la chica que estaba dormida a su lado. Esta chica era la séptima del mes que se traía del mismo bar. El mismo bar en que conoció a la chica que le hizo dudar. Gustav supone que por eso le gustaba, porque se supone que las mujeres dicen que no cuando quieren decir que sí y ella lo hacía al revés. Sí, definitivamente era rara, y eso le gustaba, eso y esas ojeras. No sabía por qué pero Gustav se volvía loco por sus ojeras. Eh! ,dijo su cerebro, no puedes culpar a esa mujer que apenas conociste una noche de la sima en la que estás. No, se respondió él, pero hubiera sido un gran salvavidas. Hola, dijo la chica que estaba a su lado. ¿Cómo cojones se llama? Pensó él.