jueves, 24 de julio de 2014

Es otra cosa...

Nunca me gustaron esas postales en las que el típico monumento está perfectamente iluminado en la noche y perfectamente encuadrado. Cuando de adolescente estuve en París, a mi hermana, de recuerdo, le traje una pequeña ocarina ¿Una ocarina, por qué? Porque era diferente, bonita y aunque no sabía tocarla, al soplar, me hizo gracia su sonido peculiar. Es otra cosa cuando hablo de belleza. El olor del café, levantar la vista del libro para paladear esas últimas palabras, una risa, una brisa o un olor. Una sensación de paz y victoria cuando al hacer el amor llegamos juntos al orgasmo.
Una vez, hace años, volvía de un viaje con una chica de buenos genes, de esas que muchos dirían “me la tiraba hasta reventar”. En mitad del viaje me llamó un amigo y, con cierta socarronería, me preguntó ¿Qué tal el viaje? Mi respuesta: Como viajar con un caniche muy bonito. No es que no sepa apreciar ese tipo de belleza, es que cuando hablo de belleza, me refiero a otra cosa. No se engendra en la córnea, es como una preciosa canción que te araña el corazón y te hace tambalear el alma. Es como mirar al mar que sólo es una masa informe de agua pero no puedes dejar de mirar al punto donde se junta con el cielo, escuchar su rumor constante, aspirar ese olor tan penetrante, tan reconfortante, tan bello.  Pues eso, es otra cosa.

lunes, 21 de julio de 2014

Comunicando.

Ya nadie llama y es una pena, la verdad. Me da igual si lo inventó Graham Bell o no, es un invento cojonudo y lo estamos echando a perder. Seguimos llamándolos teléfonos pero estas pequeñas maquinitas; entre tanto “me gusta”, tanto “leído” en vez de escuchado, tanta letra, foto, música y mail, nos están acobardando. Debo de estar haciéndome viejo porque echo de menos aquellos tiempos en que había que echarle huevos. Cuando los teléfonos se usaban para hablar y casi todos eran fijos. Tenías quince y te gustaba una chica, te daba su teléfono pero era el de su casa. Cuando por fin reunías las pelotas suficientes para llamarla lo cogía su padre o su hermano e intentando no tartamudear preguntabas por ella. Un incómodo silencio seguido de un “sí, enseguida se pone” entre dientes. Esperas mientras planeas mil comienzos posibles... Vaya subidón al escuchar su voz, es divino, como su risa, sus suspiros y sus silencios que entonces eran en tiempo real. Ahora tiras la piedra y escondes la mano hasta que te la devuelven. Antes lo intentabas cada treinta segundos si comunicaba y perdías los nervios si lo dejaban sonar demasiado por si estabas cometiendo un error. Ahora sólo te llama Movistar o Vodafone o tu madre, que es muy antigua, en el mejor (o peor) de los casos. ¿Dónde está la emoción?


Podéis llamarme vieja escuela o viejo sin más, podéis llamarme incluso gilipollas pero lo importante sigue siendo llamar. ¿Comunica? Pues lo vuelves a intentar.   

jueves, 17 de julio de 2014

Mi canción preferida.

Mi canción preferida tiene el nombre del pecado original. Cree que la quiero atar pero lo que más me gusta es oírla volar. Mi canción preferida es triste, pero ese tipo de tristeza que te arranca una sonrisa. Mi canción preferida no está hecha para bailar, es para sentarse en la barra y escuchar esa deliciosa melodía, ese acompañamiento de esa tísica guitara que tanto me gusta tocar al saborear cada uno de sus versos. Tal vez nunca la vuelva a escuchar pero sé que algunas mañanas al despertarme o por las noches justo antes de acostarme la voy a silbar porque fue al escucharla por primera vez cuando sin darme cuenta junté los labios y comenzó a sonar, aprendí a silbar. Tal vez desafiné, tal vez la melodía sólo era reconocible por mí pero su melodía al fin. No soy un experto en música y puede que mi canción preferida no le guste a puristas y entendidos pero como ya he dicho, no sé demasiado de música, sólo de canciones que hacen cambiar el ritmo de mi corazón, tal vez por su personalidad, por su carácter o sinceridad. La verdad es que nunca me paro a pensar por qué me gusta una canción, sólo dejo que mi corazón y mis pies se muevan a su compás y ahora que sé, me pongo a silbar.  

sábado, 12 de julio de 2014

Saborear.

Ella me recordó tantas cosas que había olvidado. Y ahora que estoy dispuesto a saborearlas tengo que hacerlo aquí, con tito Jack y, como Nacho, tirando de Alprazolam. Y no, sin ella, no saben igual. Con las gafas de sol duele un poco menos escribirlas y describirlas, será que aún me quedan cosas por aprender o que al empañarse estas oscuras lentes podré emborronar el recuerdo y concentrarme en ese sabor a metal oxidado de tan poco uso. Y la verdad es que sin ella no sabe igual. Tal vez al final sólo sea uno más pero a quién le importa si lo que me hizo recordar y su recuerdo saben genial aunque no pueda compartirlo con su boca, su lengua, su risa y caricias que ahora vuelvo a creer sentir como esos crujidos que te hacen pensar en fantasmas. Y ahora también vuelvo a recordar su falda y esas rodillas de niña que tanto me gustan. Tengo que portarme bien, me dice lo poco que queda de mi parte racional, o habrá que matar esa pequeña parte con otro trago de whisky que, sólo, ella me enseñó a beber.


Buenas noches, señorita, disfruta de la luna que yo disfrutaré del recuerdo de tu sabor.

martes, 8 de julio de 2014

Escrito.

-Lo llevo escrito en la piel ¿Qué esperabas?
-No lo sé, otra cosa.
-¡Pero lo llevo escrito en la piel!
-¿Puedes parar de repetir eso?
-Si pudiera no lo llevaría escrito en la piel.


lunes, 7 de julio de 2014

Nada.

-Hoy he vuelto a mirar, se ha caído otro pedazo.
Ella hace una mueca entre la comprensión y la desidia. Están sentados al borde del mundo, los pies colgando por el acantilado y más allá, la nada.
-Está empezando a entrar la lluvia y por las noches tengo frío.
Ella asiente sin dejar de mirar la nada.
-Habría que hacer algo.
Él no puede dejar de mirarla pero ella no despega su mirada de la nada. Por fin habla.
-Es preciosa. Tan inmensa, tan atractiva que asusta.
Él mira al frente y va bajando la mirada hacia sus pies apreciando la majestuosidad de la nada. -Sí que es bonita, pero no tanto como tú.
El detalle deja entrever una tímida sonrisa en la comisura de esos labios pintados de rojo apagado. Él continúa.
-No tengo miedo de vivir en las ruinas, es otra cosa.
-No tiene sentido vivir entre ruinas.
-Tampoco sentarse aquí a mirar la nada.
Ambos se miran un segundo sin saber cómo continuar, después vuelven a la nada. Él, inseguro acerca su meñique al de ella hasta rozarlo. Ella le corresponde acariciándolo y a él lo inunda una absoluta y ridícula tranquilidad. Cuán ridícula la siente él pero como siempre, lo obvia.
-¿Qué habrá abajo, al fondo? ¿No te lo preguntas?-dice ella.
-Supongo que yo me pregunto otras cosas. El techo, mi dolor, tu sonrisa.
-¿Tendrá fondo? -Sigue ella.
Él separa su mano de la de ella y comienza a liarse un cigarro. Se siente mal cada vez que hace eso. Ella sigue mirando la nada. Él se pone el cigarro en la boca, saca las cerillas y se lo enciende dando una calada intensa, lenta y sabrosa, con parsimonia pero profunda. Al expirar el humo se disuelve en la inmensidad de la nada. La cerilla se consume en sus dedos hasta que la tira por el acantilado. Ambos miran cómo se pierde también en la nada. Él vuelve a su cigarro mientras ella no deja de mirar el punto dónde desapareció en la nada la cerilla. Ambos a lo suyo cuando a su lado se materializa un manzano o tal vez siempre ha estado allí pero ninguno de los dos se ha percatado.
-¿Tienes hambre?
Ella se encoje de hombros. Él, con su bastón, va dando golpes al tronco del árbol hasta que caen varias manzanas. Las acerca también con su bastón y las pone al lado de ella.
-Por si acaso.
Ella sonríe más que nada por complacerle y él la mira una vez más fijamente. Vuelve a su cigarro que está a punto de acabarse. Observa cómo se va consumiendo poco a poco hasta que se lo pone en la comisura delos labios, se pone los cascos y en su móvil busca algo que escuchar. No sabe qué siente ni qué quiere sentir así que no es fácil tarea. ¿Escuchará algo tristemente reconfortante? ¿Algo animado? ¿Algo que le devuelva las ganas de luchar? No se puede decidir así que pone todas sus listas de reproducción en aleatorio. Sonríe al ver que se vuelve a dejar en manos de la suerte y cuando vuelve a mirarla a ella se sorprende al ver que ha llamado su atención. Con el Satisfaction de los Rolling comenzando a resonar en sus oídos despliega su mejor sonrisa. Tira la colilla por el acantilado y mientras ella mira esa ficticia luciérnaga aprovecha para robarle un beso y arrojarse por el acantilado manteniendo aún su mejor sonrisa. Él mira la colilla que le lleva unos metros de ventaja, se da la vuelta mientras escucha el cortante viento por encima de la música. Su sonrisa se tensa aún más mientras ella se hace cada vez más pequeña. Espera que ella lo siga mientras se da cuenta de que su sonrisa era irónica, agónica y penosa. Siente el viento y la cadena que lo une a ella mientras sigue cayendo hasta que ella desaparece. Después sigue cayendo más aún.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Día de lluvia.

Si quieres también lucho contra fantasmas. Ya sabes que voy de tipo duro así que ya lloraré en privado. Estoy cansado pero aguantaré, se me puede apalear siempre y cuando se me dé también una dosis razonable de Jack Daniel's. Sinceramente, estoy hecho mierda. Yo intento quitarme al menos este olor a cloaca y mientras tanto tú echas a correr ¿Dónde está el mapa? ¿Dónde lo he dejado? Siempre he intentado ser el hombre impasible para tener templanza por los dos, tal vez sea una estupidez pero no sé hacerlo mejor. Sigo adelante y puede que acabe ganando batallas como el Cid pero sigo sin saber si tus canciones hablan de mí. La culpa es mía por pensar que la tormenta había terminado pero vivo en Barcelona y como dice un amigo, esta ciudad es bipolar. Aún así lo que más me jode es que no seas capaz de pedirme un paraguas en pleno chaparrón. ¿Y yo? Sigo buscando los pedazos de tu corazón roto por la acera, bajo la lluvia y cegado por las lágrimas. Al menos habrá que agradecer a esta intensa cortina de agua que no puedas distinguir si estoy llorando y pueda seguir aparentando ser el hombre impasible que nunca fui.